SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 6a Parte

SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 6a Parte

“Siguiendo al campeón” es una SERIE de Crónicas durante el ejercicio profesional del periodista monteriano Álvaro Díaz Arrieta en su periplo en torno de Miguel Lora Escudero. Las incidencias, anécdotas, regocijos, abatimientos y grandes satisfacciones alrededor de la figura que se convertiría, años más adelante, en el gran Campeón de peso Gallo que el mundo recuerda.

En la puerta del internacional de Miami pregunté por Eugenio Pineda, mis compañeros respondieron que también se lo habían llevado los policías. Más tarde, acaecida la noche, Eu me llamó al hotel y me dijo que lo soltaron como a las seis de la tarde después de un raqueteo infame, igual cosa me dijo Julio Guerrero.

De camino al hotel comentamos con el taxista, de acento venezolano, nuestro suceso, éste nos contesta: -Dese por bien servido que no lo deportaran, esos coños de madre que se creen la verga. Nos dejó a las puertas del Miami Colonial, un hotel de baja categoría pero mejor en cuanto a comodidades que el hotel Sinú de Montería, quedaba en Biscayne Boulevard cerca al Downtown. Era el hotel preferido por los haítianos y visitantes de Mozambique, a mi me tocó una habitación con Robinson Suárez quien junto a Payares se entendían muy bien con los haitianos, parecían del mismo pueblo. Instalados en el hotel, por la tarde visitamos el gimnasio donde practicaba Happy Lora, nos encontramos con Varguitas su preparador físico y por instrucciones de Amilcar Brusa esperamos que Lora terminara su estricta preparación y hablamos en una improvisada rueda de prensa con el futuro campeón, lo notamos optimista y emocionado con la presencia de sus coterráneos.

Happy nos dijo que los entrenamientos con Brusa eran muy fuertes y basados en la neutralización de la mano izquierda de Daniel Zaragoza. El maestro Brusa nos decía, mientras secaba con una toalla a Happy, -Está muy rápido y concentrado, él va a ganar el peso, es natural y está pegando fuerte con su mano derecha. Los felicito por ser de la tierra de Happy, si ganamos el título mundial estaré en Montería celebrando con ustedes, los dejo porque tenemos que concluir los entrenamientos.

La habitación que compartía con Robinson Suárez estaba en el piso 36. Nos acostamos la primera noche a descansar después de cenar en compañía del periodista Hugo Illera en un restaurante cubano, donde degustamos un menú tradicional para los cubanos: arroz, carne molida, y tajadas de plátano maduro y a esto los cubanos le agregan un guiso sobre el arroz llamado mojo. Robinson se durmió fundido del cansancio pensando en su programa deportivo “La esquina del Deporte” el cual originaría de forma internacional a las 7:00 am desde la habitación del confortable hotel Colonial.

Un ruido de sirenas y cornetas me despertó en la madrugada y corrí a la ventana para mirar y vi en la parte de abajo los carros policiales, los mismos que salían en las películas de James Bond, estaban en persecución de unos haitianos que atracaban en la misma esquina del hotel al mejor estilo de la serie Miami Vice. Logré observar desde lo más alto como esposaban a un gringo y aun afroamericano.

Luego mi plácido descanso fue interrumpido por la voz de Robinson Suárez diciendo: -Buenos días Colombia, buenos días Montería, saludos desde los Estados Unidos en Miami, Florida a todos los oyentes de la esquina el deporte desde el confortable y exclusivo hotel Miami colonial el sonido de ondas de Urrá, yo le dije: -Compa no hable muy duro que en montería hay gente que sabe que este es un hotel de guerra. Al concluir su programa, salimos para el pesaje donde tendríamos una faena difícil: conseguir que Julio Guerrero rebajara los derechos de transmisión para Ondas de Urrá, ya que los de Todelar, por donde yo transmitiría, los canceló la cadena. Le pedí la bola para lanzar ese partido a Robinson y me enfrenté a ese toro difícil que era Julio, ya no tenía el viejo sombrero barbisio, ni el vestido entero enmohecido, ahora lucía una pinta nueva y había perdido un poco la humildad del viaje. Los dólares nuevamente ingresaron a sus bolsillos y el viejo zorro del boxeo y el espectáculo lucia arrogante y vanidoso. Tan pronto vi a Julio lo saludé y él me respondió: -Muy bien, pero necesito la plata de los derechos, de lo contrario no entrego las escarapelas, le respondí: -Cálmate África, que apenas vamos llegando, solo tenemos seiscientos dólares. -Entonces no transmiten, dijo Julio y yo le contesté: -No transmitimos, tú eres un anti-colombiano, sólo te interesa es el dinero y no te das cuenta que Tuto Zabala te regaló los derechos de radio para Colombia para que pudieras cambiar el sombrero viejo, los zapatos rotos y tu traje despintado, negro tenías que ser, hablaré con Tuto. Desde la distancia, Tuto se percató de la discusión e intervino: -Qué te pasa con la gente de Montería Julio?, déjalos transmitir y entrégales las escarapelas que ellos son de la tierra del gallo que pica y vuela y que esta noche será campeón. Julio frunció el ceño, nos entregó los boletos y nos dijo: -Me jodieron otra vez, la primera fue con los derechos de la pelea Pambelé Montilla en Cartagena.

Bueno, esas peleas con Julio siempre se daban pero al final seguíamos siendo los mismos amigos. Luego del pesaje hablamos con Happy, le entregamos el sombrero vueltiao que le envió el periodista Roger Olascoaga y la pancarta con su imagen.

Llegó la hora de la pelea, era el viernes 9 de agosto de 1985 y la ciudad de Miami estaba contagiada y revolucionada por el combate de título mundial, Happy ya era un ídolo sin ser campeón. Entramos temprano al Tamiami Park para instalar equipos y realizar pruebas para que las transmisiones fueran un éxito. El ambiente en el recinto boxístico era favorable a Happy, el público comenzó a entrar temprano. Colombianos, mejicanos y norteamericanos abarrotaron el bonito y elegante escenario, la clase pudiente monteriana que asistió al evento se sentía feliz y posaban con Melanio, Napoleón y Fabio por una foto para el recuerdo. Yo hacía las veces de fotógrafo y ellos me daban dólares en agradecimiento; conocían nuestro estrato humilde y colaboraban con la causa. Para esa época se manejaba mucho dinero en Montería y algunos herederos vendieron las ultimas vaquitas que tenían. Era el final de las riquezas de los Garcés y los Vega, creo que después de esto no han vuelto a viajar al exterior.

Y la cita se cumplió, nunca en mi vida me había sentido tan cordobés y tan colombiano. El público gritaba “Happy, Happy”; la piel todavía se me eriza, las lágrimas de la emoción afloraron en mis ojos, Lora apareció para subir al ring y vino lo más emocionante, toda una locura: SONÓ EN LA AMPLIFICACIÓN EL PORRO MARÍA BARILLA, no sé quién llevó el cassette, pero era la banda “19 de Marzo” que, con sus notas, hizo que el Tamiami Park se estremeciera y que los colombianos allí presentes entendiéramos que no hay país más hermoso que el nuestro.

Hasta La próxima.

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