SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 10a Parte

SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 10a Parte

“Siguiendo al campeón” es una SERIE de Crónicas  durante el ejercicio profesional del periodista monteriano Álvaro Díaz Arrieta en su periplo en torno de Miguel Lora Escudero. Las incidencias, anécdotas, regocijos, abatimientos y grandes satisfacciones alrededor de la figura que se convertiría, años más adelante, en el gran Campeón de peso Gallo que el mundo recuerda.

No todos los viajes son iguales, algunas cosas cambian. Empecemos por los derechos de transmisión que, como se comentó anteriormente, ahora tocaba entenderse con Pacho Lora. El hermano del campeón era más difícil que Julio Guerrero, por eso para lanzar ese partido fue el mismo Robinson Suárez quien lo enfrentó en una de las ruedas del parque Laureano Gómez de Montería, hoy convertido en asentamiento humano de los desocupados de la ciudad. Pacho no rebajó un solo peso, hubo que pagarle una parte en pesos colombianos, otra en dólares y por ultimo firmarle una letra por el resto para ser cancelada tan pronto regresáramos, y así ocurrió.

Para esta primera defensa, nuestro viaje se hizo con mayor confianza, lo que pasó en nuestra primera visita a U.S.A. nos llenó de optimismo esperando no tener problema alguno para ingresar al coloso del norte. Viajamos a Barranquilla a tomar nuestro vuelo. Y siempre lo hacíamos en Curramba porque allí nos encontrábamos con todos los narradores y comentaristas del Caribe y casi siempre nos quedábamos en el hotel Miami Colonial Fabio Poveda, Melanio Porto, Eugenio Baena, Payares Villa, Robinson Suárez y mi persona. Pero en esta ocasión se nos unió Maik Mosquera, a quien nos encontramos en el aeropuerto Ernesto Cortizos en compañía del gran Eugenio Pineda. Para quienes no conocen a Maik Mosquera, les puedo decir que en esa época estaba soltero, sin compromisos, sus ingresos los utilizaba para vestir bien, comprar lociones finas y usar pañuelos de marca pirámides. Un verdadero gentleman de tez morena, además de ser una excelente persona.

Mientras esperábamos el abordaje hizo su aparición un personaje funesto y perverso de la radio cordobesa, de la radio colombiana. No mencionaré su nombre, pero si diré que era capaz de enredar con sus tramoyas al más experimentado. En fin, es un ser cuyo fenotipo y genotipo lo identifican como un ente de maldad. Con estos datos sabrán a quién me refiero. El elemento se acercó a Maik y le dijo con ese tono petulante que siempre utiliza queriendo estar dos puntos arriba que los demás: -Maik toma el tiquete a Miami, pensabas que no te lo traería, allá te doy los viáticos. Maik me miró con sus ojos vidriosos como queriendo llorar y me dijo: -Padre, cuento contigo en la “iunai estei” porque veo esos viáticos embolatados. Al percatarse Eugenio Pineda de la situación estilo “pelayo chacón” que vivía Maik, lo invitó a su apartamento al cual también llegaríamos Robinson y yo, garantizándonos una excelente atención. El locutor con apodo de corso aprovecho para colarse también como cara pelada aduciendo que un “riquito” de Montería pasaría por él mas tarde, cosa que nunca sucedió, quedándose sin ser invitado. Le tocó dormir en el sofá de la sala de Eugenio. El arrivo a Miami sucedió sin contratiempo alguno, rentamos un lujoso Pontiac cuyas comodidades no pudimos disfrutar a plenitud por llevar el agregado de quien les he hablado. Eu Pineda como buen anfitrión arrimó a un súper Market e hizo un mercado incluidos vinos y cervezas para atendernos a todo dar. Qué clase la de Eugenio Pineda, creo que de los hermanos Pineda es el mejor, sobre todo por su gran humildad.

Llegamos a un apartamento muy cómodo, correspondiéndome a mi, como el mayor del grupo, una habitación tipo suite con una moderna cama reclinomática;  Maik y Robinson en otra habitación, mientras Eu ocupó la suya. EL colado, como ya les dije, durmió la temporada en el sofá de la sala.

En esta profesión de periodista se sufre, pero también se disfruta lo que se hace, en estos escritos he tratado de no dejar detalles por fuera porque precisamente la esencia es contar todo como sucedió y lo vivimos.

Para aclararle a los lectores lo de “pelayo chacón”, era el nombre de un manager cubano que dirigió al equipo de béisbol de Colombia en 1947 y que en el argot de los beisbolistas lo utilizan para decir que están “pelaos”, sin dinero alguno en los bolsillos.

En la próxima el encuentro con don King y macho Camacho.

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