SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 12a Parte

SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 12a Parte

“Siguiendo al campeón” es una SERIE de Crónicas durante el ejercicio profesional del periodista monteriano Álvaro Díaz Arrieta en su periplo en torno de Miguel Lora Escudero. Las incidencias, anécdotas, regocijos, abatimientos y grandes satisfacciones alrededor de la figura que se convertiría, años más adelante, en el gran Campeón de peso Gallo que el mundo recuerda.

La primera defensa de Lora Escudero representó, personalmente, una gran preocupación. Ni siquiera el hecho de haber conocido a Don King me quitaba de la mente la dura batalla que le esperaba. Los apostadores hacían de las suyas pero de forma cautelosa. Conocían de las condiciones del campeón pero también de la fortaleza de Vásquez. Los puertorriqueños habían llegado muy seguros de la victoria de Vásquez, encabezados por la estrella en ese entonces Héctor "El Macho" Camacho quien hizo su entrada haciendo gala de sus excentricidades: colgaba de su cuello una cadena de oro de 18 quilates cuyo dije pesaba más de 120 gramos, eso decía Camacho. Robinson y yo lo abordamos en una entrevista solicitándole el concepto sobre el combate que estaba próximo a comenzar y Camacho opino diciendo: -Wilfredo debe ganar por nocaut, su pegada es muy fuerte si no lo hace el ganador será el campeón porque boxea más y es recursivo.

Sonó la campana y efectivamente el retador entró como un toro a acabar la pelea con el tañido del gong. Lora se protegió y sintió las manos desde el comienzo; no me había equivocado, Vásquez era una combinación peligrosa de pegada y fortaleza. En fragoroso combate, una combinación de Vásquez hizo que Miguel pusiera los guantes agachado en la lona y creímos que el titulo se iba. Robinson y yo narrábamos con lágrimas en los ojos el posible epílogo de nuestro campeón, decíamos en nuestra transmisión: -Estamos perdiendo el título, el campeón en apuros; en fin todas esas frases producto de nuestro nerviosismo.

La esquina de Lora con Amílcar Brusa a la cabeza era muy sabia y aguantaba; dándole animo al campeón le indicaba que, a partir del sexto asalto, tenía que hacer su trabajo y mostrar su estilo ya que Vásquez, por el esfuerzo realizado para noquear, había perdido condiciones. Miguel entendió el libreto a la perfección y comenzó a darle vueltas al combate, picando y volando, engañando con una finta y golpeando, haciendo que el público en el Convention Center enloqueciera y gritara. Nosotros de la tragedia pasamos a la euforia, Eugenio, Maik y Freddy se abrazaban y vitoreaban la hazaña de nuestro campeón.

A medida que el campeón de los gallos danzaba, golpeaba y se movía en derredor a su oponente, inclinaba a su favor la balanza: la esquina respiraba tranquila al igual que nosotros. La valentía de nuestro joven estilista quedaba demostrada en este combate, histórico por demás. El más duro para Miguel en su carrea hasta el punto de terminar con una fisura en su pómulo derecho víctima de la violenta derecha de Vásquez que lo hizo poner los guantes en el tapiz. La pelea terminó con un verdadero concierto boxístico de ambos contrincantes, pero donde la ventaja había sido tomada por Miguel Lora, reteniendo el título ante este monstruo llamado Wilfredo Vásquez quien más tarde sería campeón mundial en dos oportunidades.

Después todo fue alegría entre nosotros, salimos con Eugenio Pineda a celebrar en su apartamento con Robinson y Maik, ah! se me olvidaba también el colado locutor sinvergüenza quien no escatimaba esfuerzos para cachetearnos sin poner un dólar para disimular. Es que en esa persona ya se gestaba el timador que es hoy y que sin escrúpulos ha estafado personas y medios de comunicación hasta el punto de no tener donde dormir.

Nos dirigimos en el Pontiac directo a un súper market donde la amplitud de nuestro anfitrión se vio una vez más. Llenamos el carro de cerveza, pistachos, salami, galletas saladas, bolsas gigantes de potato chips en cantidades suficientes para un festejo merecido luego de sufrir y gozar en el extraordinario combate de título mundial.

En la próxima el festejo y el encuentro con Happy al siguiente día en su apartamento en Miami.

 

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