SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 16a Parte

SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 16a Parte

“Siguiendo al campeón” es una SERIE de Crónicas durante el ejercicio profesional del periodista monteriano Álvaro Díaz Arrieta en su periplo en torno de Miguel Lora Escudero. Las incidencias, anécdotas, regocijos, abatimientos y grandes satisfacciones alrededor de la figura que se convertiría, años más adelante, en el gran Campeón de peso Gallo que el mundo recuerda.

Estos calores que hacen en la costa colombiana y sobre todo en Montería hacen que nos demoremos para escribir, necesitamos tener, la mente fresca, fuente para la inspiración y los recuerdos. Cuando el avión donde viajaba la constelación de estrellas de la salsa, encabezada por Héctor Lavoe, se posó en la pista del aeropuerto de Miami a las 11:30 de la mañana. Yo tenía cita con mi compadre Robinson Suárez a la llegada en el mismo aeropuerto, compromiso hecho en Montería. Le dije: -Compadre si no va a esperarme, por cualquier motivo, nos encontramos en el hotel Dilido en Miami beach. Al no encontrarlo en el puerto aéreo, tomé un taxi y me dirigí al hotel Dilido. El conductor en el camino me preguntó por qué me hospedaba allí; me recomendó un buen hotel menos costoso, pregunte por su amigo, si no está yo lo espero y lo llevo al otro hotel. Así llegué al SanJuan en Miami beach.

El Hotel Sanjuán es un sitio de alojamiento modesto pero me hospedaron en una buena habitación, excelente ducha y cocineta interna con nevecón incluído. Todo casi nuevo, incluyendo una cama doble para conciliar un buen sueño, se me olvidaba la gran piscina. Instalado en mi habitación, me dispuse a ubicar a Robinson, comencé a llamar a todas partes y nadie daba razón de mi compadre hasta que ubiqué a Fabio Poveda (q.e.p.d.) en el hotel Miami Colonial. Fabio me dijo haber visto a Robinson en una rueda de prensa con unos barranquilleros entre los que estaba Ricardo Ordoñez y que no me preocupara que Robinson aparecía en el pesaje.

Al bajar a almorzar a un restaurante cubano próximo al hotel, ocurrió el milagro o, tal vez, la casualidad más grande: en el centro comercial donde fui a vitrinear enconré a mi compadre Robinson parado detrás de mí, tremenda alegría la de los dos, nos abrazamos y le pregunté: -Cómo me encontró? Me dijo: -Mera casualidad, yo pasaba por aquí a pagar a la telefónica la línea para transmitir, fue un milagro. Muy contentos nos fuimos para el hotel para que mi compadre lo conociera y nos pusimos a hablar y se nos olvidó ir a la telefónica a pagar la línea para la transmisión de la pelea, era viernes, y las oficinas las cerraron a las 5:00 p.m. lo que nos ocasionó un tremendo problema.

El gran culpable de la situación, mi compadre Robinson, que aunque viajó con antelación para que precisamente no pasara esto, permitió que ocurriera. Lo tranquilicé y le dije que al día siguiente buscábamos una solución durante el pesaje. Fuimos al hotel donde estaba concentrado el campeón y en el lobby nos encontramos con Mike Fajardo y Campo Elías Terán de RCN. Intercambiamos conceptos sobre el próximo combate y aprovechamos para manifestarles nuestro problema de comunicación. La preocupación en sus caras fue evidente. El silencio fue interrumpido por la aparición de Napoleón Perea (q.e.p.d.), venia rodando su maleta Sansonite y luego del saludo protocolario nos manifestó la pérdida de US$5.000 que tenía en su billetera. Napoleón siempre viajaba con buen dinero, y regresaba con sus maletas llenas de regalos para sus hijos y sus casas. Pero a pesar de su problema, Napo nos tranquilizó y nos dijo: -Ahora no se puede hacer nada, esperemos mañana; nos preguntó: -Y ustedes en qué hotel están, me imagino que en este no, porque es caro!. Y yo le respondí: -Aquí a media cuadra, se llama hotel San Juán. -Y cuánto pagan? -US$18 dólares. -Y eso es hotel? (dijo Napoleón), le dijimos que si. –Bueno, si eso es hotel yo les pago los cinco días que van a estar en Miami. De la emoción tomé su maleta y como quedaba cerca de donde estábamos yo mismo la llevé rodando hasta el hotel San Juán.

Cuando llegamos y entramos a la habitación y vio que era un hotel cómodo con todo exclamó: -Erda nojoda, esto es un hotel, me ganaron. Me quedo con ustedes, aquí no nos conoce nadie y estamos juntos. Hasta piscina tiene!!

Napoleón era un hombre que se hospedada en los mejores hoteles del mundo, pero su humildad y el deseo de sentirse acompañado por nosotros hizo que se quedara en el hotel San Juán en plena de Miami beach.

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