SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 17a Parte

SIGUIENDO AL CAMPEÓN - 17a Parte

“Siguiendo al campeón” es una SERIE de Crónicas durante el ejercicio profesional del periodista monteriano Álvaro Díaz Arrieta en su periplo en torno de Miguel Lora Escudero. Las incidencias, anécdotas, regocijos, abatimientos y grandes satisfacciones alrededor de la figura que se convertiría, años más adelante, en el gran Campeón de peso Gallo que el mundo recuerda.

En medio de la preocupación por el problema de la línea telefónica, el viejo Napo se acostó a descansar no sin antes hablar con Jaime Mejía, su amigo entrañable. Mejía era el dueño del equipo Indios de Cartagena y reconocido hombre de negocios. La dormida la organizamos de la siguiente manera: a Napo le dimos el colchón pluma de ganso, Robinson y yo dormimos en la cama. A propósito de esto, en la madrugada tuve un pequeño altercado; al soñar con una dama le eché la pierna encima al negro creyendo que era ella y mi compadre se cabrió. Yo le pedí excusas y continuamos en brazos de Morfeo hasta el día siguiente.

Cuando despertamos Napo no estaba. Temprano lo fue a buscar Jaime Mejía y tomaron rumbo al pesaje de la pelea que era en el mismo Convention Center. Llegamos al pesaje y fuimos directamente donde Napoleón quien nos comentó que por lo preocupado que estaba por nuestro problema de comunicación se vino temprano a hablar con Julio y Melanio para solucionarlo. Nuestro problema estaba resuelto: a los colegas de Barranquilla Otto Garzón Patiño y Jairo Pava que si tenían línea, pero no habían llegado a Miami por vuelos retrasados al viajar vía Costa Rica, no se les iba a recibir dinero de los derechos de transmisión para poder ayudarnos a nosotros. De esta forma los barranquilleros se verían obligados a unirse con nosotros con su línea. Así pudimos transmitir, de manera conjunta, para Barranquilla y Montería. La clase de estos dos íconos del periodismo deportivo de Colombia, Napoleón Perea y Melanio Porto, quedó plasmada y ratificada con esta acción. Ellos sabían del sacrificio para cubrir estos eventos y no podían permitir un fracaso de esta magnitud. Por eso tocaron el corazón de Julio quien acogió el clamor de los maestros para que la odisea tuviera un final feliz. Dios los tenga en su santo reino. Jamás se nos olvidará este gesto de hermanos y colegas en U.S.A.

Siempre nuestros viajes a U.S.A. se llevaban a cabo con limitados recursos económicos, aspecto éste que he reconocido en crónicas anteriores. Nunca llevamos más de trescientos dólares y por esta razón nuestros gastos los manejábamos con mucha austeridad. Ese día salimos del pesaje contentos por haber solucionado el problema de la transmisión decididos a comprar un teléfono de buena calidad para hacer nuestro trabajo. Preguntamos en la zona comercial y costaba unos US$70; muy caro y no lo adquirimos. Regresamos al hotel y dejamos lo del teléfono para después. A Napo no lo vimos más ese día porque se fue con su amigo, Jaime Mejía, a disfrutar del ambiente bucólico en Miami beach. Mientras Robinson y yo nos sentamos en la avenida frente al hotel y planeábamos todo para la transmisión de la pelea, en la recepción nos avisaron que el periodista Otto Garzón Patiño nos había llamado para informarnos que podíamos comenzar la transmisión temprano, ya que a ellos les interesaba era la pelea Lora-Sánchez. Una excelente noticia y ese día comenzamos a enviar nuestra señal a Colombia desde las cuatro de la tarde.

Al siguiente día nos levantamos temprano y notamos que Napo no había dormido allí; se había quedado en el apartamento de Jaime. Esa noche era el combate y yo le dije a Robinson: -Compadre y el teléfono?; me respondió: -Bueno, comprémoslo aunque nos quedemos cortos de billete. Me quedé pensativo y le dije: -Llevémonos el de la habitación. Robinson me contestó: -Es peligroso, nos pueden meter presos. Yo le respondí: -Arriesguemos y después de la pelea lo ponemos en su sitio. Al momento llego Napoleón Parea y cambiamos la conversación y se olvidó lo del teléfono. Aunque cuando llegó el momento de la pelea, sin aparato para transmitir, no lo pensamos dos veces y nos llevamos el de la habitación.

En la recepción, con Napo acompañándonos y previendo que podíamos llegar tarde y si Lora ganaba lo más seguro era la celebración, le dije al recepcionista, utilizando un término muy nuestro: -Oiga amigo, usted me podría prestar una tartarita, o sea una ollita o un recipiente, para meter agua en la nevera? Napoleón me increpó: -Erda, de vaina no dijiste que te trajera suero atolla buey; riendo me dijo: -Tenías que ser de Montería, corroncho. Yo recibí la mamadera de gallo de Napo con una carcajada, pero metí mi tartarita de peltre que me habían prestado llena con agua en el nevecón de la habitación.

Nos fuimos para el Convention Center temprano y aprovechar la papaya que nos habían dado los barranquilleros de empezar antes que ellos. Robinson hizo él mismo el remoto, y arrancamos a narrar boxeo. Comenzando la transmisión se me cumplió otro sueño en este viaje: conocer en persona a otro de mis ídolos, se trataba de Gerardo González (Kid Gavilán), boxeador cubano de grandes condiciones. Me presenté. Kid lucía un pantalón de overol y una chompa de jean, le manifesté mi emoción al conocerlo personalmente y lo invite a comentar con nosotros en la transmisión que originábamos para Radio Libertad, Ondas de Urrá y una emisora de Costa Rica. Las sorpresas seguían porque al mirar a nuestra izquierda me doy cuenta que está narrando otro de mis ídolos, sobre todo en la narración del béisbol, se trataba del venezolano Carlitos Tovar Bracho, quien transmitía los combates par Radio Rumbo de Venezuela. Ocurrió lo mismo que con Kid Gavilán, me presenté, le manifesté mi admiración y compartimos opiniones.

Esa noche de boxeo, estaba para grandes emociones y satisfacciones, porque Don King programó como preliminar una exhibición del campeón mundial de los pesados Trevor Berbick. Esa misma noche también peleó Julián Jackson de Islas Vírgenes, quien después venció a Terry Norris, en uno de los k.o. más impresionantes de la historia del boxeo. Jackson es comparado, por la potencia de sus puños, con el gran Rocky Marciano. Esta defensa de Lora frente a Sánchez resultó ser la gran vitrina, ya que las estrellas del boxeo y el celuloide americano estuvieron en ring side.

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